cómo mejorar la acústica de una sala
un teorema de la gomaespuma
Advertencia: Esta nota fue escrita para ser leída cómodamente sentado
en la posición de escucha de nuestra sala con algún trago
a mano, así fue concebida. Cualquier otra alternativa corre por
cuenta y riesgo del lector.
Como primera medida, hace falta encender los componentes de nuestro equipo.
Es mejor aún si comenzamos la lectura con los mismos calientes y
listos para usar. A continuación colocamos uno de nuestros CDs favoritos,
léase vinilo o pasta si es el caso, y escuchamos... ¿Qué?
La primer y simple respuesta sería: música. Pero, releguemos
una vez más el aspecto artístico-musical y concentremos la
atención en cómo suena nuestro sistema en esta SALA. El equipo
de audio (CD ó vinilo, preamplificador, potencia, sistema electroacústico
y cables) es, seguramente, el resultado de un largo camino en búsqueda
de la satisfacción y perfección; en cambio el penúltimo
eslabón de la cadena de audio, nuestra sala, es generalmente el
resultado de la aplicación de un criterio funcional-decorativo-arquitectónico
que muchas veces desconoce principios acústicos y obedece más
a razones socio-culturales (léase esposa/o, suegra, hijos, perros,
etc).
Esta sala representa el más importante grupo de concesiones que nuestro
hobby hace al vivir cotidiano, tratando de mejorar su acústica de
la manera menos conflictiva posible. Muy a menudo intentamos corregir defectos
en nuestro sistema accionando sobre el equipo propiamente dicho. Gran parte
de esas veces nos encontramos frente a resultados poco satisfactorios y
hasta a veces contraproducentes: en vano podemos intentar corregir la respuesta
en medios bajos de un sistema si la habitación en donde está
colocado posee una absurda y molesta resonancia en, digamos, 150 Hz. Tal
sería el caso típico en una habitación de 4,6 m de
ancho por 2,3 m de altura. Es en estas ocasiones en las cuales conocimientos
básicos sobre acústica nos pueden ser de utilidad para comprender
qué sucede y eliminar o al menos aliviar el problema. Dado que el
resultado final va a ser juzgado por oídos humanos, debe complementarse
con un conocimiento detallado del modo en que sus variables influyen sobre
la escucha. Vale decir debe apoyarse en otra ciencia que la relacione con
el ser humano: la psicoacústica.
Como no existen fórmulas mágicas para la solución del problema
acústico de un recinto, y en cambio sí una diversidad de
conceptos desconcertante, sería interesante en primera instancia
reveer y dar por tierra con algunos de los mitos de la acústica;
empecemos por dos de los más generalizados:
*
Mito Nº1: Existe un límite inferior para la reproducción
de las bajas frecuencias en un recinto, esta frecuencia depende de la dimensión
del ambiente y relaciona el lado mayor del ambiente (generalmente el largo).
con la velocidad del sonido en el aire (345m/s).
*
Mito Nº2: Existe una relación directa entre el tiempo de reverberación
y la característica de vivacidad del recinto.
Para
clarificar ambos conceptos, que no son nada más y nada menos que
la respuesta en frecuencia y la respuesta en tiempo , convendría
explicar qué sucede en un recinto a medida que cambiamos el tono
de excitación. Para ello vamos a desentendernos de la respuesta
del equipo y la supondremos perfecta en todo el rango audible: plana en
frecuencia y omnidireccional. En nuestros ejemplos tomaremos como referencia
una habitación de las siguientes medidas: largo = 6,5 m, ancho =
4,6 m y alto = 2,5 m. Resonancias: ¿Cómo se generan? Si colocamos
una fuente de sonido entre dos paredes paralelas y variamos la frecuencia
de la misma, cuando se cumpla la condición definida para f1 (donde
f1 es igual a velocidad del sonido sobre dos veces el largo de la habitación)
se va a producir un fenómeno conocido como resonancia; en otras
palabras, se establece una onda estacionaria sobre esa dimensión
(el largo) presentando una zona de máxima presión sonora
cercana a las paredes y una de mínima presion sonora en el medio
de la distancia que las separa .
Un
caso análogo sería la resonancia de una cuerda en un instrumento
musical. Por debajo de esta frecuencia la habitación se convierte
en un recinto de presión cuasi constante; lo que implicaría
la posibilidad de generar y de escuchar sonidos cuyas frecuencias sean
inferiores a f1: para probar esto practica e irrefutablemente invito al
oyente a que coloque sobre sus oídos un juego de auriculares cerrados
de buena calidad y escuche los graves que en esa cavidad, demasiado pequeña
para ser llamada recinto y menos aún habitación, se desarrollan
.
Esta
frecuencia modal o modo de resonacia no es única ya que el mismo
efecto se va a producir para múltiplos enteros de dicha frecuencia
(que serían las ondas que "caben" justo entre las paredes).
Vale
decir que a la frecuencia de resonancia la distancia entre las paredes
coincide con un múltiplo entero de la semilogitud de onda (recordar
que longitud de onda = c / f ). El asunto se torna más complejo
cuando se agregan más superficies hasta que, finalmente es posible
calcular todas las resonancias que allí tienen lugar.
Este
comportamiento de la sala, que denominaremos modal , es el culpable de
las alteraciones que se producen en la curva de respuesta de un sistema
en la zona de graves y medios bajos. La forma más práctica
y económica de disminuir sus efectos es jugando con la ubicación
de los tansductores y la posición del oyente.
Veamos
ahora los procesos de reflexión especular y difusión. El
primero de ellos ocurre cuando la onda sonora choca contra una superficie
dura y lisa , y obedece a las mismas leyes que la reflexión de rayos
luminosos en espejos, obteniéndose un rebote fuerte y direccional.
Cuando, en cambio, la superficie sobre la que incide el sonido es dura
e irregular , en lugar de un rebote de dirección definida y alta
intensidad, tendremos muchas reflexiones de una intensidad menor; este
es el proceso de difusión El sonido se difunde en forma de abanico.
A
los primeros rebotes que se producen en una sala los llamaremos reflexiones
tempranas (Early Reflections ó ER) y, dependiendo de su intensidad
(siempre menor que la del sonido directo) y retardo temporal, van a producir
efectos perceptibles auditivamente como aumento en la espacialidad, desplazamiento
de la fuente sonora y/o eco.
Son
estas ER sobre las superficies más próximas a nuestro sistema
de parlantes (como ser piso, paredes laterales y techo), o mejor dicho,
su relación con el sonido directo, el factor determinante de la
evaluación subjetiva respecto a la "vivacidad" de un ambiente
y no el tiempo de reverberación. Entrar en una polémica sobre
este tema excede los límites de cualquier artículo, pero
creo útil aclarar que cuando Wallace Clement Sabine desarrolló
allá por 1885 en la universidad de Harvard las primeras fórmulas
matemáticas para predecir el tiempo de reverberación de un
recinto, realizó su estudio en base a recintos grandes e irregulares
con material absorbente uniformemente distribuído. Este recinto
grande e irregular es de las dimensiones de un teatro o cine, por lo tanto,
esas ecuaciones no son aplicables a ningún recinto pequeño
o mediano (habitación).
Concentramos
ahora nuestro análisis en el tiempo. Primeramente tendremos el arrivo
del sonido directo y luego (con cierto retardo) el de una multitud de reflexiones.
Esta diferencia temporal es consecuencia del tiempo de propagación
de la onda sonora en el aire (se "mueve" 345 metros por cada
segundo) y podemos hallarla a través de la siguiente fórmula:
t
= d/c
siendo:
t : tiempo. d : distancia recorrida. c : velocidad del sonido en el aire.
Ahora
analicemos qué ha ocurrido con el sonido a través de cada
una de la trayectorias trazadas en lo que se refiere a su nivel o intensidad
sonora. El sonido, a medida que recorre un camino, sufre una atenuación.
En el aire libre esto se traduce en una disminución de 6dB cada
vez que la distancia a la fuente es duplicada (recordar que 1dB es la menor
variación de intensidad perceptible por el oído humano).
Esto equivale a decir que si a 1mdel sistema de parlantes tenemos 90 dB,
a 2m tendremos 84 dB y a 4m, 78 dB.
Llegado
este punto nos enfrentamos a la necesidad de reducir el nivel de las reflexiones
tempranas. ¿Por qué? La acústica diría que
esta serie de reflexiones generan interferencias con la señal original
produciéndo severas alteraciones en la curva de respuesta. La psicoacústica
recomendaría que durante los primeros 15 a 20 ms a partir de la
llegada del sonido directo a nuestros oídos el nivel de las ER debería
estar 10 dB por debajo del mismo. Para hacerse una idea 10 dB equivale,
subjetivamente hablando, al "doble de fuerte". Es decir el sonido
directo debe ser el "doble de fuerte" que el reflejado.
Como
regla general una solución posible es la colocación de material
absorbente en las áreas más afectadas por estas reflexiones
(no, la esponja usada del baño no, por favor, tampoco telgopor -no
sirve-). Las posibilidades en cuanto a la elección del material
son muchas; entre otras cabe mencionar: gomaespuma acústica, SONEX,
telas diversas, tapices gruesos, alfombras, etc. La deterninación
de la ubicación del material puede hacerse como sigue:
*
Sentado en la posición de escucha le pedimos a un amigo/a que vaya
desplazando por una pared y en forma paralela y pegado a la misma un espejo
(20 cm x 20 cm) hasta que veamos el reflejo del tweeter de nuestro sistema
de parlantes. Ese será el punto central en dónde iniciaremos
nuestro tratamiento.
*
Repetir el procedimiento para paredes laterales, techo y piso * Un buen
comienzo es, en una habitación como la descripta, utilizar de 2
a 4 m2 por cada superficie a tratar. Con este método los resultados
obtenidos son muy buenos y fácilmente comprobables. Solo hace falta
una cortina pesada (o una tela) cologada en el lugar preciso para que las
características del sonido cambian notablemente.
Manos
a la obra y hasta la próxima ,
P.V.